Luis Benshimol: Exposición antotógica de Rachel Whiteread en la Tate

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Londres,

Rachel Whiteread. Untitled (Yellow Torso), 1992. Colección privada
Rachel Whiteread. Untitled (Yellow Torso), 1991. Colección privada

Hace doce años Rachel Whiteread sorprendía en la Sala de Turbinas de la Tate Modern al utilizar modestas cajas de cartón moldeadas una y mil veces con polietileno blanco traslúcido para convertir el Enbankment en un lugar escultórico gracias a la acumulación aparentemente azarosa de sus pilas de líneas regulares. El resultado era, pese al necesario volumen del conjunto, sutil; una demostración del poder expresivo de la forma y de la geometría. Simples cajas podían sugerir al espectador que se encontraba en un almacén, en una montaña sujeta a desprendimientos, en una biblioteca, un zigurat o una excavación abandonada.

El 12 de septiembre, la artista londinense regresará a las Tate, pero a la Tate Britain, para presentar su mayor retrospectiva hasta la fecha: un repaso a tres décadas de trayectoria que exhibirá desde cuatro de las primeras esculturas que pudieron verse en su primera exposición en 1988 hasta piezas recientes que Whiteread ha elaborado específicamente para esta antología.

La geometría y el trabajo en serie de cariz minimalista han sido dos constantes en su carrera, pero ella, ligada en sus comienzos al colectivo de los Young British Artists del que salió trigo y paja (ella es trigo), quiso revolucionar esas premisas, darles la vuelta y revisarlas hacia dentro. Se ha servido para ello del sistema del molde y el vaciado, que primero aplicó, aún en sus años en formación, a su propio cuerpo, y después a objetos domésticos como colchones o bañeras, a elementos constructivos como puertas o estantes, a habitaciones e incluso a viviendas completas.

Entre los materiales que ha utilizado en sus moldes predominan la resina, el yeso o el hormigón y en ellos ha buscado siempre la británica que quedaran patentes huellas que rompan aún más con la pureza minimalista y que evidencien que el tiempo, la presencia humana y cualquier acción son incompatibles con la asepsia.

Esos vacíos espaciales los ha concebido Whiteread como esculturas rotundas que apelan a nuestros sentidos y a nuestra percepción del espacio. Pero su volumen no impide el lirismo, y esa es su gran baza: las huellas de las que hablábamos tienen en sus obras carácter simbólico y remiten a la infancia, a relaciones dejadas a un lado, a la nostalgia de lo que fue. Ya lo anticipaba en su primer proyecto público comisionado en Londres, en 1993 en el East End, del que solo queda documentación porque fue demolido meses después de inaugurarse. En él fusionaba formas arquitectónicas y domésticas con alusiones a recuerdos y experiencias tanto personales como universales.

Rachel Whiteread. Untitled (Stairs), 2001. Tate
Rachel Whiteread. Untitled (Stairs), 2001. Tate
Rachel Whiteread. Stairs, 1995. Colección privada
Rachel Whiteread. Stairs, 1995. Colección privada

En una galería de más de 1500 metros cuadrados, la Tate Britain nos enseñará este otoño una selección de sus esculturas fundamentales de gran formato junto a piezas de carácter más íntimo. No hay que perderse sus Untitled (Book Corridors), que cumplen veinte años, ni Untitled (Sala 101), la recreación de los espacios de la Broadcasting House de la BBC que pudieron inspirar a George Orwell cuando escribió 1984.

Entre sus trabajos de formato pequeño encontraremos moldes de distintos materiales y colores: suelos, puertas y ventanas, objetos domésticos como mesas y cajas, un grupo de torsos e incluso bolsas de agua caliente.

Otro punto culminante de la retrospectiva será Untitled (One Hundred Spaces), de 1995, una instalación compuesta por un centenar de moldes de resina. Estas obras se acompañarán en la Tate de secciones dedicadas a material de archivo y a los dibujos de la artista. En sus obras sobre papel ha trabajado con lápiz, barniz, acuarela y collage y, aunque podemos entenderlas como trabajos independientes, forman parte, indudablemente, del proceso de creación de sus esculturas.

Nacida en 1963, Whiteread se formó en pintura en la Brighton Polytechnic y en escultura en la Slade School of Fine Art y a sus treinta años se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Turner. En 1997 representó a Gran Bretaña en la Bienal de Venecia y sus proyectos públicos esenciales los ha desarrollado en la Watertower de Nueva York, el Memorial vienés del Holocausto, el cuarto plinto de Trafalgar Square, la citada Sala de Turbinas de la Tate y en Governor’s Island. De estos últimos recoge documentación la antología de la Tate.

 

Rachel Whiteread. Due Porte, 2016. Galleria Lorcan O´Neill, Roma
Rachel Whiteread. Due Porte, 2016. Galleria Lorcan O´Neill, Roma

 

“Rachel Whiteread”

TATE BRITAIN

Millbank

SW1P 4RG Londres

Del 12 de septiembre de 2017 al 21 de enero de 2018

 

 

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